Pasamos la mitad de la vida intentando evitar…

Pasamos la mitad de la vida intentando evitar el dolor, escapando de situaciones desagradables y negando la realidad que no queremos. Sin embargo, eso no hace que el dolor se disipe, que las situaciones desagradables cesen ni que la realidad cambie. Pero sino “me hace sentir bien, ¿qué puedo hacer?”, aquí se refleja la paradoja de la aceptación y del cambio. La vida no es como nos gustaría que fuera, la vida es tal y como es. Dentro de ella, existen momentos de felicidad pero también de dolor, situaciones que acompañan a emociones agradables y desagradables. Y aunque cueste a veces, todo está bien así. Cada emoción, independientemente de que resulte agradable o no, es funcional y necesaria. Cada situación que experimentamos esconde un aprendizaje que nos hace crecer (sabiduría interior).

¿Y que hacemos ante momentos de dificultad emocional?

Ahora bien, ante momentos de dificultad emocional transformar la mirada, la actitud y la gestión emocional es un recurso que puede ayudar a vivenciar esos momentos de una forma más amable y menos punitiva. Aquí es donde entra la autocompasión, en palabras de Kristin Neff “cuando sufrimos, cuidar de nosotros/as mismo/as como nos gustaría cuidar a alguien que de verdad amamos. La autocompasión incluye: bondad hacia uno/a mismo/a, un sentido de humanidad compartida y mindfulness”. La autocompasión es cambiar la voz crítica cuando algo no es tal y como quiero/espero, dejar de autocastigarme y autocriticarme cuando cometo un error… Porque si reflexionamos pausadamente, ¿en los momentos difíciles me beneficio adoptando una postura crítica y exigente? Quizás, pueda ayudarme tratarme como lo haría con mi mejor amigx, ¿si lo hacemos con otra persona, por qué no con nosotrxs mismxs?

Desde el área de psicología de nuestro centro en Lebrija te proponemos que tengas presentes los 3 componentes que nutren la autocompasión:

  • Mindfulness que permite una mirada consciente hacia lo que sucede aquí y ahora. Validando y legitimando cualquier emoción que aparezca en el presente.
  • Humanidad compartida nos enseña que ante ese dolor no estamos solxs. Cualquier persona que se encontrara en una situación similar sentiría lo mismo.
  • Auto-bondad tratarnos con amabilidad en los momentos difíciles.

Por lo tanto, la autocompasión es un abrazo en momentos difíciles. Es una mano amiga que me ayuda a continuar cuando no me quedan fuerzas, es el aliento cuando el cansancio me  invade, es sentirme acompañadx cuando me encuentro solx, es un rayo de luz en medio de la oscuridad.

Para cultivarla…

Afortunadamente, la práctica de la autocompasión cada vez más se practica en occidente. Para cultivar la intención autocompasiva existen lecturas donde se reflexiona sobre esta capacidad humana que todxs poseemos; también se puede comenzar su práctica realizando formaciones específicas que de manera vivencial muestran cómo mirarnos desde esa amabilidad y bondad con la que miramos a un ser querido.

Y hoy, para ti, por dedicar tu bien más preciado (tu tiempo), en leerme te regalo un par de preguntas que pueden plantar esa semilla autocompasiva en tu vida. Ante momentos de dificultad emocional, párate un segundo y pregúntate: “¿qué necesito en este momento?”; “Si pudiera alguien susurrarme al oído justo ahora, ¿qué palabras me gustaría escuchar?”. No pasa nada sino puedes ofrecértelo en ese instante o si las preguntas no tienen respuestas. Lo importante es inclinarnos de manera amable para recibir ese abrazo aunque no se acompañe de palabras.

Siempre es aconsejable contar con el asesoramiento de un profesional de la psicología en este trabajo.

 

Laura Madera –
Área de Psicología