Esta es la reflexión que una persona a la que acompaño en su proceso de transformación personal le hace a su marido cuando es exigente y poco flexible con sus hijos: ¿cómo quieres que te recuerde tu hijo o hija?

Me pareció una pregunta brillante, y por ello, decidí dedicarle un espacio para que podamos reflexionar sobre ella.

Nuestro reflejo en nuestro hijo o hija.

Desde que se concibe a un nuevo ser, depositamos: expectativas, ilusiones, miedos, inseguridades sobre esa personita que quizás aún no ha nacido o que acaba de ver el mundo por primera vez. Sin la más mínima intención, y en la mayoría de los casos, intentando de hacer “lo mejor/correcto” para ese trocito de mí, que es una persona independiente, le colgamos desde edades tempranas una etiqueta (o más de una). La cual puede marcar la diferencia durante el transcurso de su vida.

Tener descendencia no es tarea fácil, la maternidad y paternidad tiene una cara oculta que no nos han contado y que conlleva mucha tensión, miedos, inseguridades y una voz crítica que aplasta a mamás y papás bajo el lema de “NO LO ESTÁS HACIENDO BIEN, SI NO HACES…, DEBERÍAS…TIENES QUE…”.

Toda esa montaña de exigencias y expectativas inalcanzables hace que a veces, volquemos esa frustración, rabia e inseguridad con nuestros peques cuando se salen de lo que “se supone que debería ser”.

Nos pasamos tanto tiempo pensando en los “debería…” “tengo/tiene que…” que ¡se nos olvida lo importante! ¿Cuándo fue la última vez que pensante en qué valores quieres transmitirle a tu hijo/a? ¿con esta forma de comportarte eres ejemplo de ellos? ¿Si me gustaría dejar de gritarle por qué sigo haciéndolo? Muchas veces el mensaje es contradictorio, y el pequeño absorbe aquello que ve, por encima de lo que le decimos.

¿Cómo nos recordarán nuestros hijos e hijas?

¿Me gustaría que mi hijo o hija me recuerde como una figura fría, exigente, crítica? ¿alguien que nunca estaba satisfecho/a? porque no era suficiente, “siempre puedes esforzarte más” me repetían cuando era pequeño/a. Te gustaría ser aquella persona que sabía que le encantaba natación pero como no se le daban bien las mates, se le obligó a ir a clases particulares ¡Cuidado! Fomentemos, aquello que queremos recoger. Si me gustaría que mi hijx fuera más amable, que compartiera sus preocupaciones conmigo, que pasáramos más tiempo juntos ¿me he parado a interesarme por sus aficiones? ¿he establecido un clima de escucha, respeto y confianza?

Manual para hijos o hijas.

Al igual que no hay un manual para padres tampoco lo hay para hijos. Tener presente esto, ayuda a dar ese espacio de pausa en la cual podemos ponernos en los zapatos de nuestro hijo/a. Porque, en la mayoría de los casos la raíz del problema está en la exigencia que le pedimos a nuestros hijo/as. Entre los nutrientes de este problema están la falta de comprensión y la poca flexibilidad. Algunos antídotos para esto:

– Conocer las características de los niños, generales y particulares.
– Comprender cómo se comunican y recordar que los niño/as no son adultos,
– Ser flexibles con ellos y con nosotros mismos,
– Compartir espacios seguros para poder transmitir las emociones,
– Agradecer y valorar los logros,
– Pedir disculpas, cuando nos hemos equivocado.
– Conectar con las necesidades reales,
– Dedicar tiempo a sus intereses/inquietudes…

¿Y tú cómo quieres que te recuerde tu hijo o hija?

Puedes ampliar la información sobre la relación padres-hijos en este video o solicitando una cita presencial en Lebrija u online a través de la web del Centro Cristina Andrades.

Gracias M. por inspirarme.

Laura Madera –
Área de Psicología